sábado, 1 de noviembre de 2008


Sobre los Cínicos


 Aron Benaim, Alejandro Celli, León Winkler. (estudiantes del Dpto. de Humanidades de la Universidad Metropolitana).





Diógenes en su tonel, rodeado de perros
        

Introducción
¿Es usted feliz? Si su respuesta es afirmativa, ¿Por qué se considera usted una persona feliz? ¿Tiene dinero? ¿Tiene amigos? ¿Goza usted de una alta posición dentro de la sociedad? ¿Se viste usted con la ropa más elegante del mercado? No cabe duda de que en el mundo en que vivimos la felicidad se basa en cuánto tenemos. No solo cuánto, sino de qué somos dueños. Poetas y bohemios dicen que el dinero no trae la felicidad, ¡Pero cómo nos hace ese objetivo más fácil! ¿O piensa usted lo contrario? Que el ser feliz lo encontramos dentro de nuestra alma, que las posesiones materiales son solo objetos que nos estorban y nos hacen cada vez más vacíos, que no se necesita estar rodeado de gente falsa para alcanzar la felicidad… si piensa así entonces usted podría considerarse un Cínico moderno: un Cínico del siglo XXI. Claro, decimos del siglo XXI porque los Cínicos de la edad antigua eran bastante más extremistas e irreverentes, aparte, que en nuestros días por Cínico entendemos a alguien insensible ante las cosas. Un poco nos hemos alejado del verdadero concepto. Como todos los filósofos de aquellos tiempos, los Cínicos buscaban el camino hacia la virtud; siendo la virtud la fuerza de vida que distingue a cada hombre, lo que guía a la felicidad. ¿Qué es la felicidad? ¿Cómo se llega a la felicidad? Ambas eran incógnitas que los pensadores de la Grecia Antigua trataron de responder.
La respuesta de los Cínicos en aquella época llamaba al hombre a liberarse de todas las posesiones materiales posibles y quedarse con sólo las necesarias para la vida. ¡Vaya ironía! Si hubieran sabido que en mas de dos mil años la gente iba a ser dependiente de los blackberrys, computadoras, automóviles y televisión, no se hubieran echado el carro de vivir como perros, en la basura y en la escoria de la ciudad si su mensaje nunca iba a ser recibido. Rechazaban las convenciones sociales y la moral de los pueblos, tanto así, que algunos llegaron hasta masturbarse o tener sexo en público. Nada les importaba, ni siquiera su propia higiene personal.
El siguiente trabajo tratará a fondo las anécdotas mas destacadas de este grupo de rebeldes que, al no dejar casi ningún material escrito, es mediante sus acciones que se ve reflejada su filosofía. Así como también, los pilares básicos de sus maneras de pensar, qué los hacía únicos, y la vida que llevó cada uno. ¿Qué significa ser Cínico? ¿Se considera usted una persona Cínica? Este trabajo le ayudará a encontrar esa respuesta.


Contexto Histórico

La escuela Cínica se fundó y desarrolló en Atenas. La vida de sus filósofos más importantes se va a desarrollar en épocas notables de la antigua Grecia, desde la época Clásica, hasta el período Heleno que comienza con la muerte de Alejandro Magno. Antístenes al ser contemporáneo con Sócrates, va a vivir en la brillante Atenas de Pericles, donde los fundamentos democráticos son introducidos en el gobierno, se reconstruye la ciudad y renace el pensamiento filosófico y la cultura. Luego, dentro de la administración de los Treinta Tiranos, se pasa de la democracia a la tiranía, donde el pensamiento autónomo, y la libertad de expresión fueron reprimidas y castigadas. Vivían en un mundo completamente distinto al nuestro; ir a la guerra era bastante común y la homosexualidad era aceptada dentro del campo militar. El mundo se desarrollaba en la Polis, ciudades cada una con su propia soberanía, y en el Ágora, el centro social y cultural de la comunidad. En Atenas, va a ser muy común la llegada de extranjeros a la ciudad. Arribaban de todas partes del mundo viajeros, que en las plazas, vendían, compraban e intercambiaban su cultura con los oriundos de la Polis.
En el mundo griego habían ciertos conceptos que se tomaban por sentado, que en nuestra época ya no se practican, se castigan o son mal vistas por la comunidad: la esclavitud y la condición de la mujer en la sociedad. La función única de la mujer era la de la crianza de los hijos, por lo cual era bastante extraño ver a Hiparquia, la esposa del Cínico Crates, caminar junto a su esposo por las plazas y callejones de la ciudad en busca de comida en los basureros. Las mujeres tampoco podían optar por cargos políticos ni participar dentro de las instituciones de la ciudad. Los esclavos eran generalmente vendidos o ganados como botín de guerra. En teoría, éstos no poseían de razón, eran como los animales, y por eso carecían de libertad.


Conceptos Básicos

A continuación damos una serie de conceptos relaciones con esta escuela filosófica:
Areté: Es una palabra griega, la cual al ser traducida al Latín perdió mucho de su significado y se llamó Virtud. Sin embargo el sentido de virtud es diferente en esta nueva palabra. Según fuentes electrónicas significa “Es el producto que designa la fuerza y la destreza de los luchadores, el valor heroico, pero no en sentido moral, sino de fuerza. Define al hombre de calidad, para el cuál, lo mismo en su vida privada que en la guerra, se rige por sus propias normas de conducta, ajenas al común de los hombres" (1)
Autarquía: Significa autosuficiencia en griego, y mas que todo propone la independencia del individuo frente a condicionamientos exteriores. Los Cínicos con esto proponían el areté; tener autonomía de pensamiento.
Ataraxia: Palabra griega que significa la imperturbabilidad ante las pasiones. Antístenes ve reflejada esta cualidad en la actitud de Sócrates cuando va a beber la cicuta.
Ascetismo: Conducta que va en contra de un sistema ya impuesto. En el caso de los Cínicos, ellos rechazaban la moral y las conductas de la sociedad en que vivían.
Sofistas: En la antigua Grecia los sofistas eran lo que son los abogados hoy en día. Ellos enseñaban a las personas retórica, a defenderse mediante las palabras. Sócrates los criticaba fuertemente ya que ellos cobraban dinero por sus enseñanzas, aparte no buscaban la verdad sino persuadir.
Tracios: Pueblo indoeuropeo que se diferencia de otros por su creencia en la inmortalidad. Se extendieron por la región europea más que todo en lo que hoy conocemos como Bulgaria, Rumania, Checoslovaquia y el noreste de Grecia. La madre de Antístenes era tracia.
1. http://www.cinicos.com/ci04.htm


Biografías
Algunos comentarios sobre la vida de los principales filósofos cínicos.

Antístenes (444?-365? a.C.): Considerado fundador y padre de la escuela Cínica por su discípulo Diógenes de Sínope, Antístenes fue un filósofo griego nacido en Atenas. Hijo de esclavos de ascendencia tracia, la primera educación de Antístenes fue de orden sofista, luego se convierte en discípulo de Sócrates quien fue el que le aconseja dedicarse a la filosofía por entero, a la búsqueda de la verdadera y no falsa virtud que enseñaban los sofistas. Platón, en su dialogo “Fedon” relata que Antístenes era una de las personas que se encontraba en la celda de Sócrates cuando éste toma el veneno. Desde ese momento Sócrates se convertiría en una de los modelos a seguir de Antístenes por su ataraxia o imperturbabilidad ante las pasiones, sobre todo, al momento de beber la cicuta. “Las pasiones tienen causas y no principios” solía decir siempre el cínico.
Antístenes funda la escuela Cínica en un gimnasio en Cinosargo; este nombre se dice que es uno de los orígenes de la palabra Cínico: kyon argos que significa “perro blanco” o “perro ágil”. Va a ser en ese lugar donde Antístenes comenzará a desarrollar su filosofía, la cual sostenía que para alcanzar la felicidad se debía dejar atrás todo lujo, placer y posesiones materiales. Alcanzar la virtud, les enseñaba Antístenes a sus discípulos, solo se conseguía mediante la autarquía o despego de los deseos superfluos e innecesarios. Debido a esta manera de pensar, Antístenes solo llevaba consigo un manto, un zurrón, un bastón y nada más; exagerando las costumbre socrática de vestir. Su lugar de enseñanza estaba dedicado a Hércules, debido a que Antístenes también llamaba a la conformación con la naturaleza y al trabajo duro. Los placeres, las artes, las comodidades y el refinamiento eran rechazados y considerados una distracción para el sabio, al igual que las convenciones sociales. Uno de los fundamentos de la escuela Cínica consistía en que el hombre debía dejar el dinero, la fama y la familia para ser feliz enteramente. Las costumbres de la sociedad era no más que ataduras para el ser humano, el cual era tomado como ser individual. Antístenes proponía la vuelta a la naturaleza. También hacía crítica a la organización social, las instituciones de la ciudad y a la alianza ateniense con la democracia.

Diógenes de Sínope (404-412?-323 a.C.): Es el filósofo más conocido de la escuela de los Cínicos. Nació en Sínope, actual Turquía donde vivía con su padre quien era el dueño de la casa de la moneda. Por haber ayudado a su padre a destruir la moneda de su ciudad natal, Diógenes es exiliado de Sínope y huye a Atenas.
Se puede decir que Diógenes era un Cínico nato, ya que antes de que éste se hiciese discípulo de Antístenes, su actitud frente a las convenciones y las normas era soez e irreverente; cuando Diógenes es expulsado de Sínope responde con cierta ironía: “Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse”.
Ya estando en Atenas conoce a Antístenes y adopta el estilo de vida de los Cínicos. Vestía con un manto, dormía en las calles o plazas de la ciudad, comía comida sencilla a veces hasta carne cruda, hacía sus necesidades fisiológicas y mantenía relaciones sexuales en público. Vivía como los perros, de allí, también se dice que surge la palabra Cínico, de Kynicos que es la forma adjetiva de Kyon que significa perro. En más de una ocasión los jóvenes de la polis se le acercaban para molestarlo y Diógenes los espantaba tratándolos de morder como si fuera un animal.
La mayor parte de su filosofía se va a parecer mucho a la de su maestro Antístenes. Sostenía que la felicidad es posible de hallar de una manera económica y sencilla, mediante lo natural. Obviaba las convenciones sociales, de hecho practicaba el ascetismo oponiendose a las instituciones sociales y al sistema político. Él mismo se consideraba ciudadano del mundo, sin pertenecer a ninguna ciudad ignorando las leyes y la justicia. En muchos momentos difirió de su maestro Antístenes acerca del concepto de propiedad. Para el docente ésta era un estorbo para el hombre, para el pupilo ésta simplemente no era considerada, de hecho proponía el robo y destrucción de la misma. Para Diógenes la virtud se hallaba en la supresión de las necesidades, teniendo una vida austera y rechazando los placeres, dado a que para el filósofo el hombre obedece a sus deseos como un esclavo que obedece a su amo. Tampoco creía en el amor catalogándolo como un “negocio de ociosos” mas consideraba que el coito era una necesidad vital.
Se conoce más a Diógenes por sus anécdotas que por sus obras. Entre ellas se habla la de la vez cuando Alejandro Magno se le acercó a Diógenes estando en Corinto y le pregunto “¿Hay algo que pueda hacer por ti?”, a lo cual Diógenes le respondió: “Sí, correrte. Me estás tapando el sol.” En otra ocasión Diógenes es invitado a una lujosa mansión y se le prohíbe escupir en el suelo, en ese instante Diógenes escupe en la cara del dueño alegando que no encontró otro lugar mas sucio para hacerlo. Sus obras fueron pocas, sin embargo son sus acciones las testigos de su legado. De masturbarse en una plaza pública, hasta morir por comer carne de pulpo crudo, Diógenes de Sínope vivió la vida de un perro en busca de la felicidad y la autosuficiencia.

Crates (368-288 a.C.): Es un filósofo griego nacido en Tebas y discípulo de Diógenes de Sínope. Al nacer, se convierte en heredero de una gran fortuna a la cual renuncia cuando forma parte de la escuela Cínica. Se dice que al ver una tragedia de Eurípides se conmovió al ver al rey haciendo de mendigo, tanto así, que anunció que repartiría su fortuna a todos los habitantes de Tebas. Muchas personas se rieron de él, mas se acercaron a su casa donde vieron a un Crates eufórico lanzando las monedas por la ventana. También se comenta que dejó su herencia en manos de un banquero al cual hizo prometer le daría el dinero a los hijos de Crates cuando el muriese si es que ellos tampoco se habían dedicado a la filosofía.
Crates asumió el estilo de vida de los Cínicos mas no adopto la misma actitud de Diógenes frente a la sociedad. Crates era respetuoso y dulce. La gente de la ciudad lo llamaba “El Filántropo” ya que era menos agresivo que su maestro. Como todo Cínico, predicaba que la autarquía y sobretodo la sencillez eran los caminos para encontrar la felicidad. En cuanto a sencillez se trataba, Crates hablaba de desprenderse de la propiedad, familia, costumbres sociales e incluso de las opiniones propias. A éste filósofo nada le preocupaba, vivía desconectado de la sociedad; no se metía en los asuntos públicos ni se burlaba de los reyes.
Su apariencia exterior era deplorable; su cuerpo se lleno de llagas las cuales se rascaba con sus uñas que nunca se cortó, le salieron legañas en los ojos y su cabello parecía fieltro tupido. De lo único que se quejaba era de no tener la flexibilidad suficiente para poder lamerse sus heridas tal como lo hacen los perros. A pesar de todo esto Hiparquia de Maronea, la hermana de su discípulo Metrocles, se enamoró perdidamente de él. Crates le advirtió acerca de las condiciones en las que él vivía, sobre la pobreza, su suciedad y la vida pública, recalcándole que la poseería frente a todo el mundo cuando el quisiese. También ella renunció a la fortuna de sus padres, y se fue a vivir junto a la basura y junto a Crates. Fue muy cálida con los pobres al igual que su esposo. Se dice que tuvieron dos hijos y que juntos paseaban por las plazas de la polis. Se comenta que para introducir a su hijo al sexo, Crates lo llevó a burdel, y que a su hija le permitía contraer matrimonios de prueba que duraban un mes para ver si la unión funcionaba.
Crates murió de viejo y de hambre, ya que afirmaba que el hombre debía subsistir sin la ayuda de ningún agente exterior. Con su dulzura y su excéntrica sencillez abandona el mundo acostado en un mismo lugar; ganándose el respeto de los perros y de todos los Cínicos.

Metrocles e Hiparquía de Maronea: Metrocles y Hiparquía son dos hermanos que provenían de una familia muy rica de Maronea. Metrocles desde muy temprana edad le interesaba la filosofía, gracias a su fortuna pudo hacer lo que le gustaba que era la filosofía. El también fue discípulo de teofrasto y también de Jenócrates. Metrocles no se sintió complacido hasta que llego a ser discípulo de Crates y abandono sus pertenencias. Este fue conocido como con animo de memorizar y utilizar como guía. Su hermana se enamoro de Crates pero este amor no llego a nada ya que le amenazo con suicidarse. Al final y en contra de las normas sociales de la época mantuvieron una relación cínica, que incluía el mantenimiento de relaciones sexuales en público.
Hiparquía hermana de Metrocles era una de las pocas mujeres de la filosofía, pero si fue la única mujer filosofa cínica. Para ella no fue nada fácil dejar sus pertenencias, vestir el manto cínico y llevar una vida como la de sus colegas, no le fue fácil dada las costumbres de la época. Su manera de tratar a Crates era muy cordial y agradable y compartian muchas cosas de filosofía.

Onesícrito de Astipalea: Su vida duro aproximadamente 80 anos de edad. Fue otros discípulo importantes de Diogenes y también el mas viajero. Acompañó a Alejandro Magno a una conferencia en la India. En esa expedición contacto a los Gimnosofistas hindúes, estos los define como sabios o santones medio desnudos y también los comparo con los cínicos griegos. Diogenes lo incluyo en su libro y su nombre figure en cualquier lista de cínicos ya que su actitud y su difusión era todo hacia el cinismo.


Otros cínicos menos conocidos.

-Mónimo de Siracusa, fue discípulo de Diógenes.
-Menipo de Gadara, discípulo de Crates.
-Bión de Boristenes (-335 a -245 a.C.) este fue vendido como esclavo, y acabó en Atenas estudiando filosofía con Crates.
-Estilpon de Megara (-360 a -280 a.C.) que pasó por la escuela cínica (es probable que fuera alumno de Diógenes) y por la megárica donde llegó a encabezarla.
De los filósofos posteriores a Diógenes Laercio, solo destacaremos a Luciano de Samosata que fue una mezcla de cínico y de epicúreo, escribió numerosa obras, casi todas de carácter satírico, así como diálogos en algunos de los cuales intervienen filósofos cínicos.


Ideas Principales de la Filosofía Cínica

La filosofía cínica se puede dividir en dos ramas: filosofía teórica y la filosofía práctica. Ambas partes tienen planteamientos y conceptos que son importantes para explicar lo que fue un pensamiento naturalista y anti-materialista.
Los cínicos dejaron muy poco material escrito que permitiese establecer con exactitud cuáles eran sus principios y fundamentos. Sin embargo, dejaron muchos anécdotas que permiten inferir cuales eran las ideas por las cuales se regía esta escuela.
El principio fundamental de esta filosofía es la búsqueda de la felicidad. Los cínicos consideraban que para alcanzar la felicidad había que despojarse de todas las posesiones materiales, por dos razones. La primera, es que para los cínicos era inconcebible que la felicidad estuviese apegada o proviniese de cualquier otra cosa que no fuese el areté (concepto que vagamente se parece a lo que hoy conocemos como virtud) de la persona. En segundo lugar; los cínicos planteaban la necesidad de deshacerse de todo lo que pudiese causar preocupaciones ó angustias. Estas eran impedimentos para alcanzar la felicidad. No hay posesión material que no tenga un valor adjunto a ella. Si tiene un valor adjunto va a haber una preocupación constante, por más pequeña que sea, por el estado de dicha posesión. Por consecuencia, todas las posesiones materiales van a causar preocupaciones de algún tipo que impedirán que el individuo alcance la felicidad. Bajo esta afirmación, era necesario despojarse de dichas posesiones para poder alcanzar la virtud.
El vivir libre de posesiones materiales implica una serie de dificultades. No hay posibilidad de tener una casa donde resguardarse; tampoco no se podía adquirir recursos de los mercados u otros lugares similares. En otras palabras, abandonar cualquier posesión material implicaba un cambio radical en el estilo de vida. Había que adoptar un modo de vivir que causara pocas necesidades, que enseñara cómo lidiar con los elementos y otras experiencias nuevas que no habían sido experimentadas hasta el momento. Los cínicos encontraron el mejor ejemplo a seguir, en el entorno. Este vendría a ser el segundo pilar fundamental en su filosofía: El vivir acorde a la naturaleza.
Vivir según la naturaleza significaba vivir como los animales. Había que ser autosuficiente, disciplinado para poder aguantar al clima y los elementos. Éstas junto a otras cualidades pasarían a ser algo parecido a valores que debía poseer una persona según los cínicos. Además implicaba ser independiente, que el individuo siguiese sus propias reglas y no las que le impusiese la sociedad, tal como los animales en la naturaleza, quienes hacen sus propias reglas. Entre cualidades más importantes, están: Autakeria (autosuficiencia) que era indispensable si se pretendía vivir según la naturaleza; Askesis (disciplina) necesaria para poder resistir al clima y sensaciones como el hambre; Parrhesia (libertad de palabra) que implica decir exactamente lo que se piensa; una de las demostraciones más contundentes de libertad e independencia; Anaidea (desvergüenza) la cual es otra demostración de independencia e incluso se puede considerar un requerimiento para ser un cínico si se toma en cuenta su excéntrico modo de vida; Apatheia (imperturbabilidad) la cual era una cualidad necesaria para ser considerado un sabio según los cínicos. Una persona imperturbable era capaz de pasar de una situación a otra sin problema o preocupación alguna. Para lograr esto hay que poseer maestría sobre las aptitudes mencionadas anteriormente, y finalmente ser considerado sabio.
La otra parte importante de la filosofía de los cínicos, es la filosofía práctica, por dos razones: Primero, al momento de su concepción, se pretendía que fuese literalmente un modo de vida. No que fuese una guía sobre como se debería vivir; sino que se siguiese al pie de la letra. Diogenes fue el mayor exponente de esto, sin embargo, esta práctica se abandonó relativamente rápido y los cínicos se limitaron a discutir y algunos pocos, a escribir.
La segunda razón por la que la filosofía práctica de los cínicos es tan importante, se debe a que a diferencia de muchas otras filosofías, la práctica moldeaba la teoría. Los cínicos intentaban, aparte de buscar la felicidad, de mantenerse independientes. Luchaban contra cualquier cosa que los pudiese esclavizar. Entiéndase por esclavizar “Tener a alguien muy sujeto e intensamente ocupado” (2). Este concepto no se limitaba a unos hombres sobre otros; se extendía a leyes, la sociedad y sus opiniones e incluso objetos. Un objeto no puede esclavizar a una persona por la fuerza como lo haría otra, pero si puede hacerlo dependiente limitando su libertad ó incluso quitándosela en ciertos casos. Ejemplos de esto pueden ser las casas. El tener una casa ata a la persona a un lugar. Un individuo puede dejarla un tiempo, pero se va a ver obligado a regresar porque esa pertenencia, la casa, representa años de esfuerzo y trabajo que se perderían. Para no perderlos, es necesario regresar y cuidarla, lo que impediría a la persona mudarse a otra ubicación cuando le provocase. Ese objeto llamado casa está sujetando a la persona y su cuidado la mantiene intensamente ocupada, por consecuencia lo estaría esclavizando.
A medida que iban surgiendo nuevos elementos que pudiesen esclavizar a la persona, los cínicos iban adaptando su filosofía para rechazar y luchar contra estos y por consecuente iban modificando su filosofía teórica a raíz de un cambio en su comportamiento.
Se puede concluir que, la filosofía cínica se basaba en 3 pilares: La búsqueda de la felicidad a través del despojo de cualquier cosa que pudiese causar preocupaciones o angustia; La independencia del individuo ante cualquier cosa que lo pudiese esclavizar y llevar una vida acorde a la naturaleza tomando como modelo a seguir a los animales. Aunque las actitudes extremistas que tomaron sus fundadores se fueron abandonadas rápidamente, la práctica de la misma fue determinante en el moldeamiento de esta escuela.

Anécdotas Resaltantes(Nota: Todos lo anécdotas presentados a continuación fueron sacados de la siguiente pagina web: http://www.cinicos.com/ci05.htm).

Anécdotas de Antístenes(En estos se pueden ver las ideas principales de la filosofía cínica)

Al preguntarle qué cosa era lo mejor para los hombres, dijo: morir felices.
Las opiniones que más le gustaba repetir eran: que la arete se puede aprender. Que la arete es suficiente en si misma para la felicidad. Que el sabio es autosuficiente,
(2) http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=esclavizar (pagina web Real Academia Española, definición de esclavizar)

pues también son suyos los bienes de los demás. Que el sabio no vive según las leyes establecidas, sino según su propia arete.

Diocles le atribuye también lo siguiente: para el sabio ninguna cosa le es extraña o imposible.
La virtud del hombre y de la mujer son la misma.

Anécdotas de Diógenes
(En estos se puede ver lo extremistas que podían llegar a ser los primeros cínicos y porque la sociedad los rechazaba ó marginalizada)
Cuando le invitaron a la lujosa mansión le advirtieron de no escupir en el suelo, acto seguido le escupió al dueño, diciendo que no había encontrado otro sitio más sucio.
Argumentaba así: todo es de los dioses, los sabios son amigos de los dioses, los bienes de los amigos son comunes, por tanto todo le pertenece al sabio.
Una vez, que estaba tomando el sol, se paró frente a él Alejandro y le dijo: pídeme lo que quieras. Diógenes contestó: no me quites el sol.
Iba por la calle en pleno día, con la lámpara encendida, diciendo busco un hombre.
En cierta ocasión que se masturbaba en medio del ágora, comentó: ojalá fuera tan fácil librarse del hambre, frotándose la tripa.
Dijo también considerarse ciudadano del mundo (cosmopolita).


Conclusiones

Sin duda los Cínicos fueron pensadores revolucionarios. Entregaron su vida entera por una filosofía que a la vista de muchos, pasó de transgresora e irreverente. Los Cínicos partieron de un paradigma diferente, y quizás debido a esto, nadie en su época y en toda la historia los logró entender. Fueron predicadores del desierto. Así como en nuestra época nos cuesta comprender la atracción entre dos personas del mismo sexo, la pedofilia e incluso religiones, en la edad antigua sucedió lo mismo con los Cínicos. Al final la gente se sintió más atacada que atraída hacia esta manera de pensar, tanto así, que sus ideas no fueron absorbidas. El legado que ellos querían dejar en la historia quedó desenfocado a los ojos de la mayoría; debido a su falta de obras escritas lo que la gente recuerda y comenta acerca de ellos, queda traducida por la imagen de un loco masturbándose en una plaza.
Sin embargo, como dijo Platón en el Mito de la Caverna, el filósofo al salir hacia la luz, vuelve a entrar en la caverna para predicar la verdad a los hombres, poniendo su vida y reputación en riesgo. Los Cínicos como filósofos, emprendieron esta función social de la que hablaba Platón, con el detalle de que ellos no fueron bien recibidos. No obstante los Cínicos cumplen con el concepto del filósofo ideal propuesto por Platón.
Los Cínicos buscaban ser autosuficientes; independientes de cualquier atadura. Hoy en día el hombre se hace cada vez más esclavo de la tecnología, de la religión y las corrientes políticas; a tal punto de que nos es imposible vivir sin ellas cuando al mismo tiempo éstas nos causan angustias y molestias. El hombre de nuestra época vive adicto a los factores externos y sujetos a reglas impuestas por otros. Por ello creemos, que si los Cínicos hubieran tenido el chance de conocer nuestra época, hubieran tomado acciones mas extremas que las que adoptaron en la Grecia Antigua.
Nosotros al terminar este trabajo no nos consideramos personas Cínicas. Ni siquiera nos acercamos un milímetro a ese viejo concepto, de hecho, estamos seguros que ninguna persona lo es en nuestros días. En nuestra opinión, utilizar objetos materiales, seguir las leyes y convivir con la sociedad, son factores que más que esclavizarnos, nos favorecen, aún siendo nosotros dependientes de ellos. El hombre ha llegado lejos a causa de la evolución de su propio pensamiento. Más que ser esclavos, hemos sido tan libres que hemos creado un mundo a partir de nuestras ideas. Y usted, ¿Aún se considera un Cínico?



Bibliografía

Fuentes Electrónicas
http://www.nd.edu/~ndwap/abstracts/fuentes.pdf 2/10/08
http://www.thefreedictionary.com/Cynicism 5/10/08
http://www.aprendergratis.com/los-cinicos.html 17/10/08
http://www.cinicos.com 30/09/08
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/schwob/crates.htm 28/10/08
http://www.luventicus.org/articulos/03U014/crates.html
http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%ADnicos 2/10/08
http://www.espacioblog.com/myfiles/lalechuza/diogenes-1.jpg 28/10/08
"Cínicos." Microsoft® Encarta® 2006 [CD]. Microsoft Corporation, 2005.
"Antístenes." Microsoft® Encarta® 2006 [CD]. Microsoft Corporation, 2005.

Advertencia: Este artículo es de dominio público. Agradecemos que sea citado con nuestra dirección electrónica: www.filosofiaclinicaucv.blogspot.com


Dolor y sufrimiento en el budismo


 David De los Reyes
"El budismo zen se interesa más por vaciar que llenar" David Brazier

El principio por el cual se justifica el budismo está centrado en la idea que el sufrimiento y el dolor son hechos inalienables de la vida. Por ser seres que sentimos tenemos la capacidad de experimentar dolor y sufrimiento, placer y alegría. Gracias a ello podemos sentir empatía por los otros en sus alegrías y pesares.

Según el budismo hay dos fuentes interrelacionadas al respecto. Una, donde las formas evitables del sufrimiento surgen como consecuencia de los fenómenos sociales y culturales; tales son como: las guerras, la pobreza, la violencia o el crimen, e incluso, a raíz de otras más individuales pero que tienen sus consecuencias dentro de la cohabitación como lo es el analfabetismo y ciertas enfermedades. La otra forma son las inevitables que, entre otras tenemos: los eventos insoslayables como la enfermedad, la vejez y la muerte.

Hay dolores y sufrimientos imponderables, que están más allá de las previsiones y de ser evitados, están más allá, por ejemplo, de los desastres naturales. No hay protección como lo puede haber al precaverse y almacenar alimentos para tiempos de escasez.

Un ejemplo es la referencia al envejecimiento, el cual nos acompaña desde el primer día de nuestro nacimiento, y con el cual debemos enfrentarnos a futuro con una serie de carencias de condiciones normales al perder cualidades de flexibilidad propias de la juventud. La decrepitud puede llevarnos a convertirnos en seres repulsivos, siendo el momento cuando más requerimos de los demás.

Otra categoría será la del sufrimiento que entraña el encuentro con lo indeseado, con los contratiempos y accidentes. Es el que se nos presenta al ser arrebatado lo que deseamos, como lo es, por ejemplo, los expatriados a la fuerza, que han perdido su patria, al ser separados por la fuerza de sus seres queridos y convertirse en refugiados. También está el sufrimiento causado por no obtener lo que deseamos, aún cuando se haya hecho un esfuerzo inmenso para conseguirlo: se ha trabajado de forma inusitada en una cosecha que luego se malogra por escasez de agua, por ejemplo. Igual está el sufrimiento surgido por incertidumbre, al no tener seguridad de dónde y cuando tendremos que enfrentarnos con la adversidad; situación que provocará sentimientos de inseguridad y de ansiedad.

Las experiencias placenteras también pueden ser causales de sufrimiento. Si nos proporcionan en un momento plenitud, terminan no aportando nada semejante. Sentimos algo placentero porque muchas veces, con esa sensación, se nos aplacan sufrimientos más explícito; es el caso de satisfacer el hambre comiendo alimentos. Y para ello tenemos que tener sentido de la contención y de la templanza, y así llegar a ser, según el budismo, genuinamente felices.

En la filosofía budista y en otras formas religiosas de la India el sufrimiento es consecuencia del karma. Es un error, como muchas veces se piensa a este término, relacionarlo con el sentido de que todo lo que experimentamos está predestinado o predeterminado. Con lo cual se nos puede excusar de nuestras responsabilidades ante una situación determinada.

Karma, palabra proveniente del sánscrito, significa acción. Denota una fuerza activa, de la cual se infiere un resultado respecto a los acontecimientos futuros al estar influidos por nuestros actos presentes. Error es pensar al karma como una energía independiente, y que predestina el curso de nuestra vida.

Nosotros mismos somos quienes creamos nuestro karma. Lo que pensamos, decimos, hacemos, deseamos y omitimos es realmente lo que lo crea. Todo lo que tomamos, hacemos y hablamos tiene una respuesta por y en nuestra mente. Todo lo que hacemos tiene una causa y un efecto. Prácticamente no existe el accidente; lo buscamos. Cambiar el karma se puede llevar a cabo cambiando la manera de pensar y de actuar de manera desinteresada, en beneficio de todos e inclusive de uno mismo.

Para el budismo, que comprende que hay sufrimientos inevitables como la vejez, la enfermedad y la muerte, piensa que hay otros tormentos que pueden ser evitables, presentándose en nuestros pensamientos y emociones al contrarrestar los negativos; para ellos, no cabe duda, de tener la posibilidad de elección respondiendo a la aparición de este tipo de sufrimiento. Se pueden adoptar actitudes menos apasionadas y más racionales, al disciplinar nuestras respuesta frente al sufrimiento. Al no reaccionar negativamente ante nuestros pesares estos se transforman en fuente de pensamientos y emociones positivos.

Es por lo que esta escuela del dolor oriental considera importante nuestra actitud tomada ante el sufrimiento y su relación al modo en que lo experimentamos. Por ello, la actitud es determinante y diferente en dos personas que pueden ser diagnosticadas con el mismo tipo de enfermedad; la actitud de cada una frente al mismo evento es inexorable para la evolución de la misma y al desenlace para lograr, o no, reponer la salud.

Esto nos lleva a comprender que el grado en que somos afectados por un hecho doloroso depende sobre de todo de nuestra interpretación del mismo. Lo esencial es mantener cierta distancia ante nuestra experiencia del sufrimiento. Así que, cuando sólo contemplamos un determinado problema muy de cerca, obsesivamente, llegando a inundar todo nuestro espacio visual, se nos antoja que es una enormidad imposible de superar. Sólo al considerar al mismo problema desde cierta distancia inmediatamente iniciamos una percepción que nos lleva a verlo en relación con otras cosas. Esto traza una tremenda diferencia al poder abordar, desde otras perspectivas y significancia, a ciertos acontecimientos molestos. Es muy difícil concluir que un hecho tiene que desembocar en una situación absolutamente negativa, independientemente al margen en que la contemplemos.

El budismo enseña que al sobrevenir una tragedia o infortunio, tal como sucede o puede suceder, es de gran utilidad establecer una comparación con otro acontecimiento, o rememorar una situación similar que nos haya pasado antes o a otras personas. Si logramos alejar nuestro problema retirándolo del yo y acercándolos a otros, experimentamos un efecto liberador. Al dejar de magnificar nuestra situación, por una dinámica de absorción, o una ampliación al centrarnos únicamente sobre nosotros mismos, nos parece más tolerable nuestra condición. Ello nos permite mantener cierto estado de paz que cuando nos concentramos en nuestros problemas excluyendo todo lo demás.

Lo más sensato es reflexionar las desgracias contextualizándolas, al recordar que la disposición elemental del ser humano tiende, en buena medida, hacia el afecto, la libertad, la verdad y cierto sentido de justicia; ello ayuda, para esta escuela del sufrimiento, afrontar la situación negativa en la que puedo verme inmerso.

El budismo encuentra que por el sufrimiento experimentado podemos aumentar nuestro sentido del valor y fortaleza interna. También advierten que personas que lo tienen todo, al notar una adversidad leve en su sistema de vida, sienten una inclinación a perder toda esperanza; la riqueza material, en tanto obsesión, nos puede llevar a estropear nuestra vida. Se torna cada vez más difícil poder soportar algún problema que se nos presenta de cuando en cuando.

La actitud óptima para enfrentar el dolor es afrontar la situación directamente, con lo cual al realizar un examen de la misma nos adentramos en el análisis que nos muestre la causa y con ello encontrar la manera de superarlo.

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La opacidad de la escritura. Aproximación al pensamiento de Jorge Luis Borges


Ruperto Arrocha González


"Preguntad al ciego gusano por los secretos de la tumba a o por qué sus espiras se deleitan en formar rizos en torno a los huesos de la muerte y preguntad a la voraz serpiente dónde obtiene su veneno; y al águila alada por qué ama al sol y luego reveladme los pensamientos del hombre que hace tiempo se han ocultado".

W. Blake

Visiones de las hijas de la Albión


Leer a Borges representa la posibilidad de asumir la existencia desde las más variadas visualizaciones. Leer a Borges es ver, abrir la memoria al continuo recuerdo que conduce a cierta intrascendencia de esa vanidosa singularidad que se cree eterna. Es por eso que sus reflexiones abundan en detalles nimios y en matices perdurables. A la vuela de cada una de sus páginas emerge el asombro de la repetición de las formas como arquetipo paradigmático de la eternidad. Borges, poeta de la nostalgia, de la irremediable soledad y la tristeza infinita, sabiamente se hace acompañar de fieras, laberintos y espejos. Su escepticismo sólo encontrará consuelo en sus fantasías, y en el honor y valor que concederá a la amistad. Ausentes ellas, el relativismo ocupará todos los espacios libres de su imaginación. Es por eso que su poesía se nos presenta en determinados momentos como un pretexto para la reflexión filosófica. Será este punto el que intentaremos explicar a continuación.

En uno de sus poemas titulados “ajedrez” encontramos plasmados las claves que apuntalan su interpretación de la vida y que en buena medida resumen su forma de pensar. En él describe la lucha incesante e invariable entre cada una de las piezas. La riqueza simbólica que el poema presenta, expresa en rigor la situación “del jugador (que) gobierna su destino” sin saber que él también “es prisionero” de otro designio:


Dios mueve al jugador, y éste, la pieza

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

De polvo y tiempo y sueño y agonías?

Dios, la lucha y el tiempo existen desde siempre. Se asemejan y hermanan desde su origen. El desafío individual y personalizado es transitorio pero obligatorio y necesario. Este es el sentido histórico de la vida que cree descubrir Borges.

No hay sacrificio inútil, ni enfrentamiento estéril. No importa en absoluto que el tiempo singular sea finito; ya que la guerra del tiempo infinito continúa. En la medida que iniciemos el juego, nada carece de sentido. El tiempo sabe, como él dirá, “que ciertamente no habrá cesado el rito”. Todo depende de la próxima jugada. La desesperanza no se concibe sin la esperanza. Ni el jaque inevitable y definitivo será capaz de arrancarnos del corazón la optimista pretensión de la eternidad. Sabido es de todos, y después de todo, que la única posteridad admitida es la de los héroes (los grandes guerreros) y de los que hacen de la escritura el noble arte de la trascendencia divina. Oficios ambos que arrastran a sus hacedores más allá de toda sonrisa.

Nadie podrá discutir, después de todo, la presencia en su poesía de una rica e intensa serie de insinuaciones y meditaciones que enfatizaron el simple y complejo tema de la existencia. El método preferido del poeta, de este poeta, es el de la interrogación. Aunque nunca fue simpatizante de las “ideas claras y distintas”, cartesianamente, eligió la duda ante la convicción que se presta fácil a la fatuidad de la afirmación. Borges se hizo discípulo de la duda. Asumió como suyas las aporías, antinomias y paralogismos que Kant había internalizado en Schopenhauer. Se opuso pues, conscientemente al énfasis resolutivo de la síntesis hegeliana. Iniciado en el arte de la filosofía por su maestro, uno entre muchos pero, quizá el más admirado de todos, Macedonio Fernández, transitó el emblemático estudio de todas las tradiciones filosóficas. Forjado dentro de este espíritu, resulta comprensible aquella afirmación suya: “Yo no estoy seguro de ser cristiano y estoy seguro de no ser budista”.

En la lectura de la obra de Borges sobresale su obsesión por temas como: la infinitud, el eterno retorno, el tiempo, la religión, la muerte, los sueños, etc; no obstante, por encima de ellos destaca el traspintar de la eternidad. No es una casualidad que el espíritu heraclíteo informa con su fulgor de “Luna de enfrente” el misterio que devuelven “La noche cíclica” y el “Elogio de la sombra”. En Borges trasunta la aurora gastada del tiempo. Heráclito y Pitágoras, Hume y Spinoza alumbran y labran el desolado laberinto de la palabra. En su poema “El Golem” cifra de enigmas la esperanza, allí donde proclama:

Si (como el griego afirma en el Cratilo)

El nombre es arquetipo de la cosa,

En las letras de rosa está la rosa

Y todo el Nilo en la palabra Nilo.

¿No ha sido invariablemente la eternidad un arcano? Borges presiente que se esfuma, pero sin embargo ‘permanece’ como permanece, por ejemplo, el viejo río Ganges.

La inmortalidad, dirá en la “Historia de la Eternidad”, es comprensible porque la vida es demasiado breve y hermosa como para que pueda ser perecedera. Qué será del alma después de la muerte? ¿Cuál será el destino que realmente le aguarda? No hay explicaciones ciertas, nada sabemos. En algunas oportunidades asumirá sagazmente el budismo sin sonrojarse. Y en otras oportunidades la teoría platónica de la trasmigración del alma. El sabe que las soluciones mitológicas responden mejor a los secretos incomprensibles. En “Textos Cautivos” señala que: “Es famosa la creencia pitagóricas de que la historia universal se repite cíclicamente, y en ella la de cada individuo, hasta en los pormenores más ínfimos…”. Este será una de las ideas recurrentes que encontraremos de modo permanente en sus disquisiciones filosóficas. El historiador Polibio hizo de la anaciclosis su método de estudio. Esta conceptualización de la historia parte del principio de que los acontecimientos que se producen en ella se encuentran predeterminados por una suerte de destino inevitable que, además, tiende a repetirse de manera cíclica. Esta especie de “mimetismo” desea fundamentar la idea de que si bien los contenidos cambian las, formas subsisten. La historia es un juego cuyo destino, independientemente de los esfuerzos individuales, ha sido trazado con anterioridad, al menos en su forma. No obstante, tanto la actitud del monje budista como la del héroe revolucionario son igualmente imprescindibles. El poema titulado “ajedrez” explica transparentemente este proceso. Borges cree que si el juego es uno, las partidas son muchas, y queramos o no estamos obligados a jugarlas sin que importe mucho, para fines del desarrollo universal, la ilusión del sacrificio individual. La metempsicosis y la anaciclosis coinciden en que el sino de la vida singular se asemeja, en su forma, al de la vida universal, es decir, al mundo de las instituciones. Del mismo modo como a la muerte de un individuo le sucede la vida de otro, de idéntica forma la muerte de un imperio da paso a la existencia de otro. No obstante esa vida singular que ejercemos, esa duración histórica en que de un modo concreto y particular desplegamos nuestra existencia corporal, es irrepetible, según Borges. La épica y la tragedia son modelos arquetípicos, que entre otros, rigen el curso universal de la historia. Somos más objetos que sujetos, o lo somos en mayor medida de lo que usualmente creemos, de ese insondable espíritu del mundo. La astucia o ironía de la razón universal es más sabia que la sagacidad individual. Esta reflexión se manifiesta varias veces en la “Historia de la Eternidad”: “Lo fundamental son las formas… De ahí podemos inferir que la materia es nada. (…) Los individuos y las cosas existen en cuanto participan de la especie que los incluye, que su realidad permanente… todo nos mueve a admitir la primacía de la especie y la casi perfecta nulidad de los individuos”. El concepto que Borges maneja de individuo se aproxima, sin saberlo, al de un filósofo que siempre adversó. Él, como buen Schopenhaueriano que fue, jamás compartió el pensamiento de Hegel. A pesar de ello existe una enorme semejanza en lo que se refiere a su concepción de individualidad. Hegel sostenía que “…los acontecimientos y los actos de esta historia no son aquellos en los que imprimen su sello y dejan su contenido, fundamentalmente, la personalidad y el carácter individual; lejos de ello, aquí las creaciones son tanto mejores cuanto menos imputables son, por sus méritos o su responsabilidad, al individuo, cuanto más corresponden al pensamiento libre, al carácter general del hombre como tal hombre, cuanto más se ve tras ellas, como sujeto creador, al pensamiento mismo, que no es patrimonio exclusivo de nadie” (Lecciones sobre la historia de la Filosofía. Tomo I. F.C.E. pág. 8). El acercamiento entre ambos resulta en este punto bastante evidente. El espíritu mordicante de Borges, y muy a pesar de su conocido escepticismo, circunda los lares del racionalismo optimista hegeliano. Sólo es eterna la forma, el pensamiento variado, múltiple y sucesivo que se materializa en la existencia. No obstante, el poeta preferirá mantenerse, a diferencia del filósofo, dentro de los límites del idealismo subjetivo. Hecho que explica su admiración por Platón, Kant o Schopenhauer.

Hemos hecho referencia, en repetidas oportunidades al escepticismo borgiano. ¿Por qué ese escepticismo? Ante el enigmático problema de la finitud de la existencia es preferible asumir la vida como un sueño, o, si se quiere, como el karma, sufrimiento o desdicha, que debemos atravesar si queremos alcanzar los linderos de la eternidad. Somos pertenencias de los dioses pero, curiosamente, elegimos por cuenta propia nuestro destino. Borges parte de la convicción de que: “A Dios no le podemos culpar de nuestra elección”. No somos estatuas inmóviles, nos anima la inquietud y, a veces, hasta la desesperación. Siglos después nos reconoceremos en el espejo de las estrellas, en el mito de Sísifo, en el inconmovible espíritu del universo. “Ningún hombre sabe quién es” dirá citando a León Bloy y luego, citando a Hume, “No sabemos qué cosa es el universo”. A lo que añadirá: “Cabe ir más lejos; cabe sospechar que no hay universo en el sentido orgánico, unificador, que tiene esa ambiciosa palabra. Si lo hay, falta conjeturar su propósito; falta conjeturar las palabras, las definiciones, las etimologías, las sinonimias, del secreto diccionario de Dios” (Otras inquisiciones. El idioma analítico de John Wilkins. Obras completas. Emecé Editores. Buenos Aires. Pág. 708). Su respuesta, probablemente poco convincente, es la del monje que descubre en el silencio de la montaña la duda como método y la interrogación como sistema. Su actitud es fácil de entender porque como él mismo había admitido: “el asombro es la primera sensación plenaria”.

Otra de sus obsesiones es la de la imagen de la muerte. Ella la encontramos presente de un modo ejemplar en una de sus conversaciones con Ernesto Sábato. Sábato le había dicho, hablaban del horóscopo, “siempre tuve miedo del futuro, porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte”. A lo que Borges replicó sarcásticamente: “¡Como! ¿Usted le tiene miedo a la muerte?” Sábato ripostó enseguida que miedo no “… la palabra exacta sería tristeza. Me parece muy triste morir”. Borges, más agudo y lacónico, respondió: “Yo pienso que así como a uno no puede entristecerlo no haber visto la guerra de Troya, no ver más este mundo tampoco puede entristecerlo ¿no?”. Añadiendo: “En Inglaterra hay una superstición que dice que no sabremos que hemos muerto, hasta que comprobemos que el espejo no nos refleja. Yo no veo el espejo”. (Diálogos, J. L. Borges y E. Sábato. Emecé Editores. Págs. 196 y 197).

La frialdad y contundencia de estas palabras reflejan por sí mismas la actitud y postura de Borges ante la vida. Ni el miedo o la tristeza sirven de argumento contra la muerte. Una respuesta de este tipo sólo puede tener lugar en una metafísica como la suya. Donde Sábato improvisa, él responde de memoria. La claridad de su afirmación tiene que ver, sin duda, con lo que él señalará en otra oportunidad: “… con la idea de estar perdido en el universo, de no comprenderlo, la necesidad de encontrar una solución precisa, el sentimiento de ignorar la verdadera solución”. (El escritor y su obra. Entrevistas de G. Charbonnier con J.L. Borges. Siglo XXI. México. Pág. 10). La incertidumbre es lo único cierto para este poeta. En ocasión de enterase de la muerte de su tío Edwin Arnett, recordó que “…el hombre olvida que es un muerto que conversa con muertos”. Seguramente Sábato, había olvidado esto. El estilo de Borges se hace acompañar con frecuencia de expresiones conflictivas o inciertas, como esta que le escuchó Onetti,: “sé lo que va a pasar, no se cómo va a pasar”. Una de las pocas afirmaciones enfáticas que puede encontrarse en sus escritos es: “There are more Things”.

En los relatos donde sobresale la imagen del universo como un caos aparece siempre Dios. ¿Qué o quién es Dios? Borges no facilita respuesta. En todo caso la idea de Dios está más cercana a la cosa en sí kantiana que a cualquier otra fundamentación teológica. Dios es el a priori que informa al mundo, y cuya existencia presentimos, pero su origen no podemos descifrar. Por ello puede aceptar todas las religiones; y de modo especial el Budismo porque, según su interpretación, es la religión que exige menos credulidad. Estas ideas son desarrolladas en dos conferencias recogidas en el libro Siete Noches. En la primera de ellas, “La Cábala”, afirma que: “…Decir que Dios es justo, misericordioso, es tan antropomórfico como afirmar que Dios tiene cara, ojos y manos”. Para Borges, Dios no decide ni juzga; sólo se conforma con colocarnos en el universo. Si simpatiza con el budismo es por la simple razón de la amplitud que éste posee con respecto al cristianismo y al islamismo. La idea de Dios asume en su planteamiento una dimensión bastante ilustrativa: “Bastaría un ataque de muelas para negar la existencia de un Dios todopoderoso”, y más adelante enfatizará: “La idea de un ser perfecto, omnipotente, todo poderoso es realmente fantástica”, para añadir que por ello mismo resulta obviamente imprescindible. (Entrevista de G. Charbonnier. Ob. Cit. Pág. 33 y 101). En materia de Dios las opiniones de Spinoza resultan admirables. “Dios, ha escrito Spinoza (Ética, 5-17) no aborrece a nadie”. (Obras completas. Ob. cit. Pág. 698). Su devoción por Spinoza y su filosofía quedará grabada en el poema que le dedicará, y que se transcribe textualmente:

Las traslúcidas manos del judío
Labran en la penumbra los cristales
Y la tarde que muere es miedo y frío
(Las tardes a las tardes son iguales)
Las manos y el espacio de jacinto
Que palidece en el confín del Ghetto
Casi no existen para el hombre quieto
Que está soñando un claro laberinto.
No lo turba la fama, ese reflejo
De sueño en el sueño de otro espejo,
Ni el temeroso amor de las doncellas.
Libre de la metáfora y del mito
Labran un arduo cristal: el infinito
Mapa de Aquél que es todas Sus estrellas.

Sólo hace falta conocer un poco de la biografía de Spinoza, minucioso pulidor de lentes, para comprender porqué el poeta tiene tanta simpatía por el filósofo y su pensamiento enemigo de toda ortodoxia. Debe tenerse presente la expresión que Borges refirió a Evaristo Carriego: ‘La felicidad humana no ha entrado en los designios de Dios’ (Libros de los prólogos).

Si en definitiva, siente admiración por el budismo por encima de otras religiones, sin olvidar la expresión citada al comienzo de este artículo, es por sencilla razón de que: “…basta recordar que todas las religiones del Indostán y en particular el budismo enseña que el mundo es ilusorio” (Otras Inquisiciones. Ob. cit. Pág. 742).

En Borges, la esperanza y la felicidad, al igual que la eternidad resultan un enigma. Su escepticismo es el mecanismo de la araña laboriosa que teje su propia trampa. En cada una de sus frases, la ilusión de la existencia, paradójicamente, redobla sus esfuerzos. No hay escepticismo que no oculte un haz de esperanza recóndita. Dios ha creado el mundo, pero no sabe de sus detalles. Entre los filósofos que más leyó se pueden enumerar, muy arbitrariamente, los siguientes: Heráclito, Platón, Zenón, San Agustín, Santo Tomás, Hume, Spinoza y, por encima de todos ellos, muy significativamente Schopenhauer. Borges fue fiel intérprete de la tolerancia, la amplitud y la pluralidad de ideas. Si alguien le preguntara por la historia hubiese respondido con la expresión de Joyce: “La historia es una pesadilla de la que quiero despertarme”. Ya para finalizar, sólo queda recordar una de sus sentencias:

Dios ha creado las noches que se arman
De sueños y las formas del espejo
Para que el hombre sienta que es reflejo
Y vanidad. Por eso no alarman.

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El mito como fundamento de la cultura griega en Federico Nietzsche.


Ruperto Arrocha González

Resumen

El valor que Nietzsche concede al mito en sus escritos esta marcado por la lectura de las principales tragedias de Esquilo y Sófocles. El interés en el mito manifiesto en los escritos nietzscheanos debe entenderse como el esfuerzo por vislumbrar ese misterio que representa la naturaleza en su desdoblamiento como cultura. El desgarramiento entre el mito como despliegue de las fuerzas instintivas y la psique como unidad de esas fuerzas en el plano de lo estrictamente racional le lleva a plantearse la necesidad de repensar el fundamento del ser no desde la psyché entendida como cultura sino, dándole continuidad al pensamiento heracliteo, desde la physis o fuerzas subterráneas del alma humana. Descriptores: mito, physis, psique, tragedia, serenidad y existencia.

El mito como fundamento de la cultura griega en Federico Nietzsche.

¡Y cómo soportaría yo ser hombre si el hombre no fuese también poeta y adivinador de enigmas y redentor del azar. Así habló Zaratustra. II, .

El valor que Nietzsche concede al mito en sus escritos esta marcado por la lectura de las principales tragedias de Esquilo y Sófocles. La valoración de esta forma de narración, determinante en su análisis filosófico, se encuentra precedida por las publicaciones de F. Schlegel, F. Schelling y de G. E. Lessing. La exaltación del mito hace mas significativa la labor filosófica de Nietzsche hoy en día porque ella, de algún modo, marca el camino de tres de las grandes escuelas del pensamiento contemporáneo: la fenomenología de M. Heidegger y H. G. Gadamer; la psicología profunda de S. Freud y C. Jung; y por el ultimo, el estructuralismo de M. Weber y M. Foucault.

El influjo de los pensadores alemanes arriba citados despertó en él la curiosidad por el topos de la imaginación en el mundo griego. El interés de Nietzsche por la filología debe ser considerado siempre desde la oportuna referencia realizada por Gutiérrez Girardot: «que toda actividad filológica esté enmarcada e inserta en una visión filosófica del mundo en la que lo singular y lo individualizados sean sofocados». Gutiérrez Girardot, R., 1996: 70.

O también desde la realizada por Remedios Ávila en su artículo: Agonismo y piedad en Nietzsche:

En 1869, en la conferencia sobre Homero y la filología clásica, ya había pronunciado su profesión de fe: Todo estudio filológico debe estar alentado, inspirado por una concepción del mundo. Y la obra sobre la tragedia griega era ya una profunda meditación sobre la vida, una obra filosófica. Ávila, R. 2000.
Como resultado de la combinación de su interés por la filología y la mitología griega tenemos, la primera de sus grandes obras: el Nacimiento de la Tragedia. Ensayo que estuvo precedido por una serie de conferencias, elaboradas entre 1869 y 1873, conocidas luego como escritos preparatorios y entre los que cabe mencionar: La visión dionisíaca del mundo, Sócrates y la tragedia y El nacimiento del pensamiento trágico y asimismo las lecciones manuscritas tituladas: Los filósofos preplatónicos.

El interés en la descripción de los mitos le permitió establecer una extraordinaria relación con quien posteriormente sería. Dentro de esta línea de investigación, uno de sus mejores amigos y protectores: E. Rhode, autor del texto titulado: Psique, idea del alma o inmortalidad entre los griegos . Rohde, E. 1948.

La tensa relación entre psique y physis se convierte para él en el punto que dinamiza su transito de la filología a la filosofía. Aunque hay que advertir que Nietzsche llega a la filología no con la conformidad de un académico dedicado a explicar la genealogía de las palabras sino más bien con el espíritu de un psicólogo que intenta profundizar en los males de la civilización occidental. La inquietud por comprender la función simbólica de los mitos le lleva, no sin ciertas reticencias, a convertirse en uno de los inspiradores subterráneos de la psicología freudiana y jungiana. La concepción trágica de los griegos se torna de este modo en su concepción o imagen ideal (Weltanschauung), de un mundo plural y politeísta. No es que creyera que la concepción de los trágicos fuera perfecta pero puesto a elegir entre las dos no cabe duda hacia donde apuntaría su elección.

Nietzsche en su intento por adentrarse en el mundo griego encuentra en U. von Wilamowitz-Moellendorff, el gran maestro de la filología clásica tradicional, al mejor exponente de todo lo que debe superar como filólogo. Y es que ya desde sus escritos de juventud se ocupa del alma griega desde la composición interdisciplinaria de al menos tres perspectivas: la filológica, la filosófica y la psicológica. El comentario de Thomas Mann resulta dentro de este horizonte sumamente oportuno cuando afirma en La filosofía de Nietzsche a la luz de nuestra experiencia que:

Estaba destinado a ser psicólogo; la psicología es su pasión primordial: conocimiento y psicología son para él en el fondo la misma pasión. (…) El es ya desde los comienzos un psicólogo, en virtud de aquella idea schopenhaueriana, según la cual, no es el intelecto el que engendra la voluntad, sino al contrario; la voluntad, no el intelecto, es el factor primario y dominante en el alma humana. Mann, T. http://www.nietzscheana.com.ar/mann.htm.

En oposición a la comprensión filológica de Wilamowitz, Nietzsche intenta reelaborar una comprensión del mundo griego al amparo de las lecturas e influencias de A. Schopenhauer y R. Wagner. Filósofo y artista estos en los que cree encontrar la continuidad de pensadores como: Heráclito, Esquilo y Sófocles. Nietzsche, F. 2003.

El interés en el mito manifiesto en los escritos nietzscheanos debe entenderse como el esfuerzo por vislumbrar ese misterio que representa la naturaleza en su desdoblamiento como cultura. El desgarramiento entre el mito como despliegue de las fuerzas instintivas y la psique como unidad de esas fuerzas en el plano de lo estrictamente racional le lleva a plantearse la necesidad de repensar el fundamento del ser no desde la psyché entendida como cultura sino, dándole continuidad al pensamiento heracliteo, desde la physis o fuerzas subterráneas del alma humana.

La definición que Jung maneja del mito resulta apropiada para esclarecer el significado de esta forma de narración porque ella facilita la comprensión de su función dentro del discurso nietzscheano. El mito –dice Jung-- es el grado de transición inevitable e imprescindible entre el inconsciente y el conocimiento consciente. Se afirma que el inconsciente sabe más que la conciencia, pero es un saber (…) casi siempre sin relación al aquí y ahora, y por tanto un saber al margen de nuestro lenguaje racional . Jung, C. G. 2005: 365.

Enunciación esta que encuentra su consonancia en el combate dialéctico simbolizado por las figuras de Apolo y Dionisio. Apolo-Dionisos expresa una lucha, una interacción permanente entre el inconsciente y la conciencia. Dionisos personifica en sentido literal la fuerza del inconsciente pero eso no significa que pueda desgajarse lo apolíneo de lo dionisiaco o viceversa pues la relación entre ellos es debe concebirse como un intercambio permanente de estados. Imágenes que tienen su primera puesta en escena, en la obra de Nietzsche titulada Homero y la filología clásica (1869) y que alcanzará su consolidación en el Nacimiento de la tragedia (1871-1873).

La physis es para nuestro pensador el camino, el devenir, que puede devolvernos el “llegar a ser” lo que se es. La compresión del ser, ser de occidente, debe hacerse para él no desde la conciencia, hilo de la memoria positivista que va desde Sócrates hasta Hegel pasando por Kant, sino desde la hybris o fuerzas que emergen de la naturaleza (physis). El planteamiento de Nietzsche consiste en afirmar que el fundamento y el estatuto ontológico del ser hay que buscarlo en y desde la physis, y no como lo hacen los seguidores del socratismo desde el control de la conciencia dominante. La psique en el mejor de los casos desde ese horizonte sólo podrá respondernos desde el ángulo cerrado y dogmático del deber ser. Sócrates es el primer responsable de esta cuestión por haber colocado al ser moral en lugar del ser de la hybris.

Ante la ley inconmovible de la physis que enseña que todo es devenir y desaparición, Sócrates se acoge a la psyché piadosa que le muestra que somos imperecederos. Nietzsche conscientemente nos da a elegir por así decirlo entre dos fábulas o ficciones: una, la del mundo trágico griego que dice que somos una invención o recreación de los mitos (physis) y la otra, la del mundo socrático cristiano que nos consuela al concedernos el rango de la eternidad (psique). Es la lucha entre la fuerza interna que reclama el llega a ser el que eres y la que en sentido inverso te exige: el llega a ser el que debes ser . Espinosa Proa, S. 2000.

El estudio de la filología en Nietzsche es un pretexto para acercarse en sentido heracliteo a la noción que los griegos trágicos tenían de la physis.

El perspectivismo presente en los mitos trágicos le hace fijarse en el acto intuitivo-imaginativo, poiesis, como fundamento clave al momento de aproximarse a la comprensión de las tragedias griegas. La curiosidad nietzscheana en esta materia indica que la estructuración de sus escritos se produce principalmente como una hermenéutica que intenta descifrar los misterios de la naturaleza mediante el análisis de los mitos. En este sentido el comentario de L. Moreno resulta muy oportuno: Es verdad –dice-- que Nietzsche es filólogo cuando interpreta la tragedia griega o a los presocráticos, pero toda filología, con él, pasa a ser interpretación» . Jiménez Moreno, L. 1972: 175. El afán genealógico apunta por el lado de su aspecto positivo al desciframiento del universo mitológico griego y por el lado negativo al desmontaje del discurso ético-teológico manifiesto principalmente en los escritos de Sócrates y Eurípides.

La tragedia griega despertó en Nietzsche la necesidad de dirigir su indagación filosófica a esclarecer nuestro sí mismo por medio de una interrogación permanente de la naturaleza aun a sabiendas que la respuesta va a circundar “el misterio del alma”. O como bien reconoce H-G. Gadamer al referirse a este asunto del siguiente modo:

Una argumentación curiosa. Ciertamente, el orden ontológico al que pertenece el alma se había desarrollado por la esencia del ser matemático, pero al final, «alma» quiere decir, aquello que también buscaban los antiguos, sin poder pensarlo realmente, a saber, la «naturaleza» . Gadamer, H-G. 2001: 14, 37 y 118.

En uno de sus escritos Nietzsche realiza la siguiente advertencia:
Hablamos de la naturaleza, y al hacerlo nos olvidamos de nosotros mismos, pero nosotros somos también naturaleza. Por lo tanto, la naturaleza es algo totalmente distinto de lo que pensamos cuando hablamos de ella . Nietzsche, F. 1999.

Idea en la que intenta separar o distanciar su comprensión de la physis del dictamen legitimista propio del racionalismo socrático. El mito es la representación por medio de la que la naturaleza se comunica con nosotros. Ella nos recuerda lo que somos y, aunque no se puede decir que sea una traducción pueril de los instintos, ella expresa las fuerzas de las pulsiones primitivas ocultas en el estadio arcaico e invisible de Eros. Nietzsche concibe en el racionalismo socrático aquella advertencia de Schopenhauer en la que manifiesta que el lenguaje en vez de valer para expresar lo que sentimos sirve más bien para ocultar o disimular nuestras pasiones.

El impacto de Esquilo y Sófocles en los primeros escritos definirá, desde nuestra perspectiva, el carácter de su filosofía. En la lectura de estos dramaturgos encuentra las claves a seguir en su afán por lograr descubrir la decadencia de la cultura de la Europa de su tiempo. Y es que en la sabiduría trágica, desde su parecer, tiene como merito la idea de que no debemos borrar el dolor que comporta la existencia sino que por el contrario debemos asumirlo como un componente impostergable y saludable. La lucha del hombre griego transparenta como condición fundamental de su propia condición la aceptación de la vida como fatum o fatalidad. Esa providencia sin embargo debe ser asumida desde la interpretación nietzscheana de la tragedia griega como jovialidad, esto quiere decir con serenidad y prudencia, alegría y valentía. Si en el plano de la existencia la muerte es lo mas cierto que tenemos la vida debe ser entonces vivida con intensidad. Nietzsche entiende el conjunto de estas fuerzas como la imperturbable serenidad que caracteriza al hombre trágico griego. La alusión a esta referencia la encontraremos de modo permanente en algunos de los pasajes de Así habló Zarastustra:

Esta es la entrega de lo máximo, el ser temeridad y peligro y un juego de dados con la muerte (…) Y este misterio me ha confiado la vida misma. «Mira, dijo, yo soy lo que tiene que superarse siempre a sí mismo (…) Pues yo tengo que ser lucha y devenir y finalidad y contradicción de las finalidades. Nietzsche, F. 1973.

Y más delante señala lo siguiente: En verdad, vosotros llamáis a esto voluntad de engendrar o instinto de finalidad, de algo más alto, más lejano, más vario: pero todo eso es una única cosa y un único misterio .

El hombre trágico entiende que tanto la voluntad de engendrar como el instinto de finalidad son propiedades que escapan a nuestras fuerzas porque ellas son el resultado de circunstancias desconocidas. La noción de carácter manejada por Heráclito resulta aquí sumamente importante por que desde su opinión nosotros somos el resultado del obrar secreto de una fuerza interna. La voluntad es la manifestación visible del quehacer de ese carácter que alcanza su alienación en el obrar de la razón. El carácter es nuestro destino dice Schopenhauer siguiendo a Heráclito y Nietzsche dándole continuidad a los dos identifica el carácter con lo inconsciente y a la voluntad racional con la actividad consciente. En esta dirección resulta significativo el comentario de Lario Ladrón: -“La voluntad libre tampoco es, a su vez, mucho más que una abstracción, y significa la capacidad de actuar conscientemente, mientras que, bajo el concepto de fatum, entendemos el principio que nos dirige al actuar inconscientemente” . Lario Ladrón, S. Nietzsche: Aurora.

Hay en este proceso como acertadamente reconoce Remedios Ávila: (…) un reconocimiento de los límites, de que hay algo irreductible e insondable que el hombre puede sólo entrever, pero nunca dominar por completo . Ávila, R. (2000): 91 y 117.

Si alcanza la plenitud de su ser es precisamente porque tiene la capacidad de enfrentar sin amilanarse las peores condiciones de la existencia. La falta de control sobre estos acontecimientos no le hace retroceder y ante los peores presagios, como el Ulises de la Odisea, lucha sin cesar por retornar al lugar de su origen. No es que el heleno no sienta miedo sino porque sintiéndolo decide enfrentar a la más común de las pasiones humanas. La imagen de este es dibujada de modo elocuente por Nietzsche en Mentira y verdad en sentido extramoral:

Él –dice Nietzsche-- no presenta un rostro humano, palpitante y expresivo, sino una especie de máscara de facciones dignas y proporcionadas; no grita y ni siquiera altera su voz; cuando todo un nublado descarga sobre él, se envuelve en su manto y se marcha caminando lentamente bajo la tormenta . Nietzsche, F. 1994.

La valoración de la tragedia griega tiene que entenderse antes que nada y principalmente como admiración por la vida. El lugar medular de este asunto lo tenemos en un pasaje que algunos de sus estudiosos coincidencialmente también al parecer pasan por alto. Nietzsche –dice--: “en el fondo de las cosas, y pese a toda la mudanza de las apariencias, la vida es indestructiblemente poderosa y placentera” .

La filosofía de Nietzsche se presenta de este modo como desvelar la hybris que constituye nuestro ser. Ser al que ha llamado en el Nacimiento de la Tragedia: el hijo extraviado o perdido de la naturaleza.

El conocete a ti mismo presente en el frontispicio del templo de Apolo es desplazado por la advertencia del conocete pero no demasiado que encontramos en el Nacimiento de la Tragedia en del dialogo sostenido entre el Rey Midas y Sileno. Y de la que deduce una orientación del conocimiento del ser como un descender a las propiedades que le fundamentan; esto es como un permanente desvelamiento del ser como corporalidad, como un estar siendo cuerpo-experiencia-naturaleza-dolor y alegría. Labor en la que Nietzsche no dejará de tener presente la sabia máxima de Terencio que dice: “cada uno es para sí mismo siempre lo más lejano” y de la que hará de sus sentencias preferidas.

Esa inclinación hacia la interioridad psicológica de los griegos le hace sentirse atraído en especial por dos personajes de la mitología que resultaran determinantes a la hora de aproximarnos a su comprensión: Apolo y Dionisos. Símbolos y paradigmas sin cuya presencia no se podría entender adecuadamente el tejido del discurso nietzscheano en toda su compleja totalidad. Herbert Frei se refiere acertadamente a este punto:

En la primera fase de su pensamiento, en los escritos sobre la tragedia, Nietzsche había desarrollado, en un despliegue múltiple de símbolos de lo apolíneo y lo dionisiaco, una matriz de interpretación que le hizo posible criticar a la cultura teórica unilateral del socratismo y, al mismo tiempo, recuperar la cultura trágica de origen más antiguo, estructurada en una manera mucho más profunda y rica, un esquema que, de cierta manera, se mantuvo como directriz para todas sus obras subsecuentes . Frey, H. 2005: 113 y 126.

El Nietzsche de juventud, años 1869-1872, se había sentido atrapado y fascinado progresivamente por la correspondencia dialéctica entre Apolo-Dionisos. El Nacimiento de la Tragedia, no es solo la obra que resume los principales desvelos de su juventud sino que además es una obra fundamental a la hora de comprender escritos tan importantes como: Así habló Zaratustra, Más allá del bien y el mal o el Crepúsculo de los ídolos.

Si bien debemos reconocer que, entre 1876 y 1878, Nietzsche inicia un distanciamiento de sus maestros de juventud, Schopenhauer y Wagner, no me parece correcto hablar de ruptura en sentido riguroso con ellos pues la influencia de estos de un modo u otro siempre termina emergiendo en sus escritos en alguno de sus múltiples aspectos.

En la respuesta dada a este asunto por Sócrates, Eurípides y Platón, Nietzsche percibe en sus tesis monoteístas primero el declive de la tragedia griega y segundo el inicio de la decadencia de la cultura de occidente. Por ello, en el Nacimiento de la tragedia, observa en el socratismo y el cristianismo las fuerzas reactivas del pasado que colocan la búsqueda de la verdad en un mundo que pretende desconocer lo que la naturaleza testifica de modo inquebrantable: que el fundamento del ser es el devenir.

No le falta razón a Frei cuando asegura que: Los aforismos nietzscheanos en buena medida están escritos desde la perspectiva de un psicólogo que quiere trabajar la filosofía con medios analíticos más poderosos. Así, Nietzsche emprende una “vivisección” de la moral-cultura-. Coloca el alma en la mesa de disecciones psicológica e incide con sus sentencias agudamente afiladas “en lo negro de la naturaleza humana .

El combate entre el instinto y la cultura librado en los orígenes de la formación del mundo griego había resultado exitoso por la importancia que estos habían otorgado al juego y a la fiesta en la constitución de su universo cultural.

Karl Jaspers, realiza el siguiente comentario: En forma de utopía, Nietzsche se imagina “la finalización de la tragedia del conocimiento”, la decadencia de la humanidad, provocada por el saber. Al hombre le podría quedar el conocimiento de la verdad, como su única e inaudita meta, y eso de un modo tan definitivo, que el sacrificio de la humanidad entera sería adecuado a tal fin. El problema sería este: “qué impulso de conocimiento podría llevar al hombre tan lejos como para ofrecerse, por sí mismo, al sacrificio de la muerte, con el brillo de una sabiduría anticipada en los ojos? Jaspers, K. 1963: 4 y 50.

NOTAS.
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Frey, Herbert. Ob, cit.
Jaspers, Karl. (1963). De Nietzsche. Introducción a la comprensión de su filosofar. Buenos Aires. Sudamericana.

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