lunes, 1 de mayo de 2017

XUNZI(c.300-235AEC)

Textos clásicos*

 “La naturaleza del hombre es mala”


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Xun zi, 荀子 maestro Xun, fue un filósofo cuya vida reseña el historiador Sima Qian en el capítulo 74 de su obra Shiji (De los relatos históricos). Según los datos recogidos por Sima, Xun nació c. 310 AEC en Zhao, un estado situado al norte de la parte nuclear de China, región de llanura aluvial conocida como “dentro de las barreras” por estar enmarcada entre montañas y las riberas del río Amarillo. Xun vivió en el periodo de los Estados combatientes (453-221 AEC). A los cincuenta años, en 260 AEC, tras recorrer algunos estados consiguiendo trabajos esporádicos, llegó a la corte del vecino estado Qi que ofrecía a los estudiosos prebendas como funcionarios del estado; más tarde aceptó un puesto de magistrado en Lanling, en el sur de Shandong. Después del asesinato de su protector en 238 AEC, posiblemente vivió otros 17 años más hasta el ascenso del primer emperador Qin.
De su obra sólo queda el libro de sus enseñanzas que fue compilado hacia el año 77 AEC. En su texto Xunzi sostuvo que la naturaleza humana (xing ) es mala (e ), a diferencia de lo que argumentaba el exponente de la ortodoxia confuciana, Mengzi (Mencio). Los discípulos de Confucio disputaban sobre los contenidos y desarrollos del ideario del maestro. En estas polémicas las aportaciones de Xunzi fueron subestimadas pues se contraponían con la escuela que se convertiría en ortodoxia incorporada al modelo imperial. No obstante, sus discípulos Han Feize y Li zi, ya considerados fuera del ámbito confuciano, se convirtieron en los arquitectos de las medidas establecidas por los Qin al imponerse sob re el resto de las escuelas de pensamiento chino. Nuestro fragmento recoge los principios de la teoría de la naturaleza humana de Xunzi, donde establece que sólo el “esfuerzo consciente” redime la innata agresividad humana emanada de los deseos. Esto es, opone a los deseos naturales del hombre, las reglas y el ordenamiento moral y social, que lo encauzan en el dao, transfigurando el sentido anterior del término para significar el orden humano. Siguiendo su naturaleza, los hombres serían enemigos y cada cual buscaría su propio provecho, desatando el caos e imposibilitando el orden estatal. Pero los héroes culturales o “reyes sabios de la antigüedad” ofrecieron a los hombres normas de conducta moral para que aprendieran a controlar y limitar sus deseos. Sin embargo, subyacente a este “ofrecimiento” existe la realidad de que los reyes de la antigüedad ya no existen, dando pie a Xunzi para ampliar su análisis político social y su capacidad retórica al hallar que son otras instancias humanas (la educación, la coerción, el estado) las encargadas de enmendar y perfeccionar a los hombres. ***

LA NATURALEZA del hombre es mala y su bondad es el fruto de un esfuerzo consciente. Por Naturaleza, el hombre desde que nace ama su propio provecho y si siguiera este impulso habría contienda y arrebato y se perderían a la vez la cortesía y la condescendencia. Desde que nace siente envidia y odio hacia los demás y si diera rienda suelta a estos sentimientos reinaría la violencia y se perderían la lealtad y la buena fe.
Tiene asimismo al nacer apetitos derivados de los ojos y de los oídos, es decir que gusta de sonidos y formas agradables y si siguiera esta inclinación llegaría a la lascivia y el desorden y se perderían todas las normas de conducta moral y la cortesía.
De ahí que si el hombre siguiera los impulsos naturales y sus pasiones se comprometería sin remedio a la contienda y el arrebato, violando el orden establecido, confundiendo la razón y atrayendo la violencia.
Es necesario que se opere un cambio en él por influencia de un maestro y que aprenda a seguir las normas de conducta moral y así llegar a la cortesía y la modestia obedeciendo a las formas de la razón y de un orden establecido. Por lo que se ve claramente que la naturaleza del hombre es mala y que su bondad es fruto de un esfuerzo consciente.
Una madera torcida necesita ser enderezada y sometida al vapor para que quede recta y al metal romo es preciso afilarlo para que quede punzante. Es así como la naturaleza del hombre, que es mala, necesita de las instrucciones de un maestro para rectificarse y de las normas de conducta moral para acatar el orden.
Al no tener maestros ni leyes, los hombres se inclinan hacia la maldad y les falta rectitud; si no conocen las normas de conducta moral se vuelven rebeldes y violentos y no se someten al orden. En tiempos remotos, los reyes sabios reconociendo que la naturaleza del hombre es mala y por lo tanto se inclina al mal y se aparta de la rectitud, que el hombre es rebelde, violento y no acepta el orden, establecieron normas de conducta moral, leyes y reglas para modificar y rectificar, suavizar y guiar la naturaleza tanto emotiva como instintiva del hombre. Es así como lograron que los hombres se sometan al orden y estén en conformidad con el Camino. Todo hombre que se deja influir por las enseñanzas de un maestro, que acumula erudición y sigue las normas de conducta moral, es un hombre superior; el que da rienda suelta a su naturaleza, sigue las inclinaciones bajas y hace caso omiso de las normas de conducta moral, es un mediocre.
Meng-zi dijo: "El hombre es capaz de aprender porque su naturaleza es buena". Yo digo que esto no es cierto y que no entendió la naturaleza del hombre ni captó la diferencia entre la naturaleza fundamental del hombre y lo que es su esfuerzo consciente. La naturaleza es lo que nos da el Cielo, lo que no podemos aprender ni esforzarnos por adquirir.
Las normas de conducta moral son creación de los sabios y los hombres pueden aprenderlas, practicarlas y esforzarse por completarlas. Lo que en el hombre no se puede aprender ni se puede adquirir por esfuerzo propio se llama naturaleza; lo que se puede aprender, practicar y completar por propia iniciativa se llama esfuerzo consciente. Esta es la diferencia entre la naturaleza y el esfuerzo consciente.
Por su naturaleza el hombre tiene ojos y ve, oídos y oye, pero la claridad de la vista no está separada del ojo ni de la agudeza del oír está separada del oído.
Meng-zi dijo: "La naturaleza del hombre es buena pero son los hombres los que la pierden y la arruinan". Yo pienso que éste es un error. Aun así por su naturaleza el hombre al nacer se habrá alejado de su sencillez natural y de sus cualidades ingénitas que necesariamente se perderán y arruinarán.
Los que dicen que la naturaleza del hombre es buena, encuentran loable todo lo que no se ha separado de la sencillez original, y provechoso todo lo que se apega a lo ingénito. Ven la belleza como algo inherente a la simplicidad natural, y la bondad como algo inherente a las cualidades ingénitas tal y como la claridad de vista es inseparable del oído y la agudeza del oír es inseparable del oído. Por eso se dice que el ojo es la vista y el oído es el oír.
Ahora bien, por su naturaleza el hombre cuando tiene hambre desea saciarla, cuando tiene frío desea calentarse y cuando está cansado desea reposar, pues este es el impulso de su naturaleza instintiva y emotiva. Sin embargo, aun teniendo hambre no osa adelantarse a sus mayores para saciarla sino que le cede su turno, y aun estando cansado no se atreve a buscar reposo y está dispuesto a hacer el trabajo de los demás.
Que el hijo se someta al padre y el hermano menor al mayor; que el hijo haga la tarea que le corresponde al padre y el hermano menor la del mayor; ambos comportamientos son contrarios a la naturaleza y se oponen a sus impulsos emotivos, pero representan el camino de la piedad filial y están en conformidad con las normas de conducta moral. Por eso, si se sigue la naturaleza emotiva e instintiva, no se tiene cortesía ni humildad, es más, la cortesía y la humildad se oponen a la naturaleza. 
Si alguien preguntara: "Ya que la naturaleza del hombre es mala, ¿cómo surgieron las normas de conducta moral?". Yo contestaría que son la obra de los sabios y que no existían originalmente en la naturaleza de los hombres. Un alfarero mezcla la arcilla y modela una vasija, pero la vasija es el resultado de un esfuerzo voluntario del artesano y no de su naturaleza. Otro artesano puede tallar un pedazo de madera y produce un objeto, pero este objeto es el fruto de un esfuerzo consciente del artesano y no de su naturaleza.
Los sabios, acumulando ideas y actuando intencionalmente, pudieron crear las normas de conducta moral y establecieron leyes y reglas, y estas normas, leyes y reglas son fruto del esfuerzo consciente de los sabios y no de su naturaleza. Es así como el ojo gusta del color, el oído gusta del buen sonido, la boca gusta del buen sabor, la mente gusta del provecho, el cuerpo gusta del bienestar y todo está en la naturaleza emotiva e instintiva del hombre, son sentimientos naturales y no es preciso hacer nada para provocar su existencia.
Si algo es ni instintivo ni natural y su existencia es provocada por la acción del hombre, es un producto de un esfuerzo consciente. Esta es la prueba de que lo que existe por la naturaleza y lo que es fruto de un esfuerzo consciente no son la misma cosa. Por eso lo sabios transformaron su naturaleza, instituyeron la actividad consciente a fin de establecer normas de conducta moral, y una vez establecidas estas normas implantaron también leyes y reglas. Por lo tanto, las normas de conducta moral, las leyes y las reglas, fueron producidas por los sabios y no es que éstos sean por su naturaleza superiores a los demás hombres sino que difieren en cuanto a su manera de aplicar la actividad consciente.
Amar el provecho y desear la posesión son parte de la naturaleza emotiva e instintiva del hombre. Supongamos que hermanos tengan que dividir riquezas; si siguen su naturaleza emotiva e instintiva se dejarán influir por el amor al provecho y el deseo de posesión y se pelearán por arrebatarse los bienes, pero si han sido cambiados por los principios de las normas de conducta moral estarán dispuestos a ceder aún ante un extraño. Así, siguiendo al impulso natural hasta los hombres entran en pugna, mientras que si llegan a ser transformados por las normas de conducta moral, ceden incluso ante un extraño.
La voluntad del bien nace en hombre porque su naturaleza es mala. El mediocre anhela ser importante, el feo anhela ser bello, el mezquino anhela ser hombre de posición, todo lo que el hombre carece en sí mismo lo busca necesariamente fuera. Un hombre que ya es rico no anhela riqueza; si es importante, no anhela poder. Lo que el hombre tiene en sí mismo, no debe buscarlo fuera. Por lo que es evidente que la voluntad del bien nace en el hombre porque su naturaleza es mala. Las normas de conducta moral no están originalmente en la naturaleza del hombre y por ello se ha esforzado con estudio, en hallarlas. Como no es de naturaleza del hombre el conocer las normas de conducta moral, ha tenido que pensar y reflexionar a fin de encontrarlas y entenderlas.
El hombre al nacer no posee ni conoce las normas de conducta moral; el no poseerlas lo lleva al caos, y el no conocerlas a la rebeldía. Es así como el hombre al nacer está en estado de desorden y de rebeldía. Por lo que está claro que la naturaleza del hombre es mala y que su bondad es fruto de un esfuerzo consciente.
Meng-zi dijo: "La naturaleza del hombre es buena". Yo digo que esto es un error. En todos los tiempos, lo que la gente llama "bondad" es lo que tiene principios y rectitud, orden y equilibrio y lo que llama "maldad" es lo que carece de justicia y está en desorden y rebeldía. Ésta es la diferencia entre bondad y maldad. Si la naturaleza del hombre fuera de por sí recta, equilibrada y ordenada ¿para qué harían falta los reyes sabios y las normas de conducta moral?. La existencia de los reyes sabios y de las normas de conducta moral sería redundante en cuanto a la rectitud, el equilibrio y el orden. Sin embargo, no es así porque la naturaleza del hombre es mala.
Los sabios de la antigüedad, viendo que la naturaleza del hombre es mala, que carece de justicia y de rectitud, que es confusa y desordenada, establecieron la autoridad de un soberano para guiar a los hombres, elucidaron las normas de conducta moral para transformarlos, instituyeron leyes justas para gobernarlos e idearon castigos severos para controlarlos. El resultado, fue que en el mundo prevalecieron el orden y la bondad. Tal fue el gobierno de los reyes sabios y la transformación por efecto de las normas de conducta moral. Supongamos ahora que prescindimos de la autoridad del soberano y de la acción transformadora de las normas de conducta moral, que rechazamos el orden que imponen las leyes y las reglas, que hacemos caso omiso del control ejercido por los castigos y observamos el comportamiento mutuo de los hombres. Los fuertes se impondrán a los débiles a fin de arrebatarles sus bienes, la multitud oprimirá a la minoría a fin de doblegarla, en un instante el mundo se convertirá en un caos en el cual reinará la destrucción mutua.

Por lo que se ve claramente que la naturaleza del hombre es mala y que su bondad es fruto de un esfuerzo consciente 


Tomado de: https://alatinacolonia2013.files.wordpress.com/2014/09/xunzi.pdf