martes, 1 de agosto de 2017

La Naturaleza en los albores de la modernidad.
Sobre  belleza y  perspectiva
David De los Reyes

Universidad de las Artes, Guayaquil, Ecuador
Universidad Central de Venezuela.

Imagen relacionada
El paso de la laguna Estigia, óleo de Joachim Patinir (Museo del Prado)

El tema de la naturaleza en el llamado período medieval  sigue estando subrogado a  lo religioso y a las construcciones teóricas que van surgiendo dentro del claustro escolástico en los diferentes puntos que la acometen como tema teórico y consustancial   a la exaltación y comprensión de lo divino. La naturaleza como locus creado por el arquitecto universal que de sí surgen los elementos constitutivos de toda la estructura que ve el hombre asentado en la tierra y que mira hacia la cúpula celeste.  Explicación de gran influencia que llega hasta muchos círculos de creyentes del presente, como son las posturas insostenibles para la ciencia de los creacionistas.
Entre las tesis que encontramos en distintos teóricos del tema está el relacionado entre naturaleza y belleza, (venustas).  El universo, expresión de la magnificencia divina, encuentra toda una mirada pankalia, en decir, todo el universo está pletórico de belleza, la cual  ya encontramos en la concepción  de la filosofía estoica grecolatina. Entrando la tesis invencible e incuestionable por muchos siglos de que el arte debe imitar a la naturaleza, aunque en ello implica la libertad del creador.  Encontrando ya en el teórico Cennini  (n.h. 1370: Il libro dell´arte, I.1) el precepto  en que advierte: Escucha, la mejor  guía  y el mejor timón que pueda haber es el arco triunfal del retratar lo natural. La naturaleza será el espléndido lugar donde el  artista debe encontrar sus modelos a  representar, precepto que será luego tomado por los artistas románticos del siglo XIX, como lo propone Victor Hugo en su conocido Prefacio a su obra teatral (inmontable) Cromwell.  
Separándose de estas posturas de una naturaleza que emerge por fuerzas trascendentales con la llegada de la mentalidad del humanismo se inicia una recuperación de la physis, afinándose una concepción  laica  y temporal, secularizando la vida y el arte, la cultura y la literatura, la ciencia y la filosofía.  Se inaugura un interés por el cuerpo humano, no es sólo el recipiente del alma sino un cáliz de abundantes deseos y necesidades, cuido y  alteraciones.  Si bien se tiene presente el memento moris, donde  la fragilidad del cuerpo lo convierte en polvo, se tendrá en cuenta que, mientras respira, despreciarlo sería despreciar la vida, pues, como dice el gran Alberti, fiel al renovatio hominis  renacentista: la sabiduría consiste en amar nuestro cuerpo y mantenerlo  sano. Creando  una alteración de las actitudes a la vida, que se harán patentes en la literatura, el arte, la estética, la ciencia. La naturaleza vuelve a ser revalorada a partir de la atención del cuerpo humano por los humanistas  del renacimiento; hay una atención más al hombre a un nivel más alto y curioso.  Filarete en su Trattado sugiere  al hombre como modelo para el arte: Aprende, pues, a hacer la figura humana, pues en ella se contiene toda medida y proporción de las columnas y aun de otras cosas.
Hubo un aporte  en las formas de vida y mentalidad, donde la invención de la imprenta implicó una democratización del saber, ampliando la variedad de observaciones y posturas ante la naturaleza, que fueron tomando importancia parcial y de forma paulatina.
La naturaleza entró en relación con la idea de belleza. Ya no  es la unidad de la belleza moral  helénica de la kalokagathia, lo bello-y-bueno. La belleza, por respaldarnos en el tratado más leído y comentado del renacimiento, Los libros de arquitectura de Vitruvio, tiene unos límites muy precisos. Como buen constructor la belleza no puede estar separada de la utilidad, además de ser agradable a la vista por medio de la simetría,  el consenso de sus partes, la convenientia (armonía), la proporción  y el modo en  el sentido de la medida. Y la belleza debe ser realizada en la naturaleza, de donde el arte toma sus modelos insuperables. Debe cumplir, a nivel  social, una correspondencia con las necesidades de la gente; existe una belleza formal pero otra de carácter funcional: al lado de la simetría debe estar el decor. Y es tomada, siguiendo a Cicerón, como una cualidad objetiva de las cosas (per se), consistiendo en la disposición de las partes (ordo, convenientia partium), que afecta a los sentidos. Por aspecto, puede ser intelectual o corporal, formal (pulchrum) o funcional (decorum) femenina (venustum) y sólo se realizaba plenamente en la naturaleza.  El reducto de un desarrollo natural único y total está dejado a un espacio que se distingue del orden artificial que construye el arte, así trate de imitar, sabiendo que el artista debe guiar su obra por la idea que tiene en su mente.
Ciencia y Arte  tendrán una vinculación  de complementariedad. Por el desarrollo de una  se obtendrán cambios en la otra y viceversa. Matemáticas y arte parecieran darse la mano. Con la aparición de la ciencia como campo de conocimiento se tendrá  una nueva concepción de la naturaleza. Científicos como Kepler, Galileo, Copérnico, Bacon, Descartes construirán una nueva física que se asienta en un platonismo pitagórico, estableciendo métodos apriorísticos y matemáticos en su indagación.  Por otra parte se  visualiza otra tendencia alterna que podría pasar por una postura pre-científica donde abundarán, de todas formas, elementos supersticiosos, que ofrecerán toda una base para escritos herméticos, que pretenden ahondar en misterios y construcciones religiosas especulativas que forjaran  las llamadas ciencias ocultas, magia, astrología y alquimia, teniendo a la naturaleza como un reducto de verdades ocultas y fuerzas misteriosas.


Perspectiva y naturaleza
“Me decidí a intentar imitar con toda la naturaleza,
En cuanto me fuese posible…Todas estas historias se hicieron
en unión de la razón  y el ojo, para que éste las mida y  verifique
de tal modo que estando lejos de ellas se le aparezcan como destacadas”.
L.Ghiberti, I commentarii, II


El ascenso de las artes visuales en el renacimiento se debió al advertir en la percepción, y especialmente en la percepción visual, la fuente primera de la verdad. De ahí la preocupación e investigación sobre la presión obtenida  del fenómeno  óptico y su relación con la percepción de los objetos.  Uno de los avances en el campo estético y de la comprensión de dicha condición orgánica, en relación con la naturaleza, fue el planteamiento novedoso de la perspectiva.  Fue un intento de representar el espacio pictórico a modo de imitar a cómo el fenómeno óptico capta la imagen focalizada.  La perspectiva consiste  en que la imagen de las cosas percibidas disminuye o empequeñece  con la distancia del perceptor.  Ello dio pie a presentar una doble comprensión del asunto. Por un lado una mirada geométrica a la naturaleza en la medición de la distancia de la imagen. La segunda es en relación a la densidad del aire en que se halla entre los ojos y el objeto, lo cual pueden causar falta o no de nitidez y color del objeto observado; es la llamada perspectiva pictórica, la cual no es calculable por la geometría sino pertenece al ojo que mira y su capacidad de captar y percibir. El Renacimiento será celoso con ello, no admitirá ninguna pintura que no represente el objeto espacial sin este efecto geométrico y, por descontado, que fuera correcta, prefiriendo la perspectiva frontal, que era la más sencilla y perspicua. La visión de representar este efecto natural al ojo humano representó toda una nueva manera de abordar la imitación pregonada como condición del arte. Hoy, lo que nos parece obvio por la evolución de las cámaras fotográficas, no lo fue en el renacimiento, los pintores tuvieron que usar todo un sistema de espejos para su trabajo.  La perspectiva es ahora un recurso estructurador que encontramos en toda representación fotográfica, incorporada al encuadre del objeto, impregnando toda imagen de dicha condición en función del ojo que captura a una porción del  mundo exterior. Nunca ha estado tan presente la perspectiva en la cotidianidad del hombre como en la actualidad. La virtualidad no deja de presentar toda imagen en perspectiva, aunque  ahora podemos hablar de una multiplicidad de perspectiva debido al amplio recurso de manejo de la imagen a través del recurso de los pixeles constructores de la imagen. Del siglo XV hasta el presente (y más), esta apropiación realista del objeto  representado ha estado en aumento. Casi no vemos con los dos ojos sino con un ojo, el ojo de la pantalla que se tiene frontalmente en todo momento ante nuestro rostro. Independiente del arte causó interés en el ámbito científico del siglo XV en torno a los problemas ópticos y la búsqueda de las leyes que la rigen. Ya antes los árabes y los escolásticos le prestaron atención  en tanto fenómeno físico, mientras que  para el renacimiento estuvo centrado en lo pictórico y la búsqueda del realismo imitativo de la mirada natural del ojo y su plasmación representativa.  Podemos referir que  hubo una evolución de asumir el tema desde una perspectiva naturalis a una perspectiva artificialis, es decir, una perspectiva aplicada. Platón también la había tratado como un fenómeno negativo, en tanto prueba de la imperfección de la vista que deforma las cosas. Para el Renacimiento  cambió tal postura, al absorber el tema dentro de todo un planteamiento matemático  que denota precisión y regularidad, elevándola al nivel de una ciencia, proporcionando seguridad y precisión científica. Se obtuvo una función cognoscitiva y estética con  la aplicación de la óptica geométrica y de la proyección a partir de problemas artísticos; una necesidad de lograr ciertos conocimientos objetivos y leyes científicas para la construcción de todo un lenguaje artístico; ciencia y arte se conjugaron en esa mirada.   No sólo fue una concepción estilística sino también una conquista científica. Sin embargo se llegó a polemizar que la perspectiva  cuatrocentista era engañosa, falsa y no correspondía a una visión real de las cosas, por tanto más que real era asumida como una posibilidad estilística. El cuestionamiento se centra en  que se seguía un esquema monocular y no bifocal; el hombre contempla con dos ojos (180°) y no a partir de uno sólo (90°), y por tanto la naturaleza de la visión humana observa las cosas de otra manera. Tampoco toma en consideración la esfericidad de la retina, como tampoco los movimientos del ojo que hace continuamente. Según esto, la perspectiva renacentista (y de la fotografía y toda imagen mecánica, reproducida artificialmente y de manera industrial) presenta un esquema irreal, falso, una abstracción, un trampantojo que aún sigue siendo requerido dentro de la iconografía  de nuestro mundo plagado de pantallas en perspectiva digital. Más que ser un recurso que imita a la naturaleza con que capta el ojo es una inteligente respuesta humana a construir un falso realismo que asumimos como verdadero y fiel a la reproducción de un objeto, un paisaje, un sujeto.  Podemos decir que este efecto visual  renacentista  ofrece un esquema racionalista cómodo y próximo a la realidad, más no es fiel a ella, fue una simplificación feliz, asumida por el arte pictórico,  para lograr una armonía requerida  en los fenómenos en  el alba de la modernidad.